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apuntes para no olvidar en ké estaba perdiendo el tiempo

“Final de calle” de Quince Duncan (literatura costarricense)


Iba para la casa en mi flamante auto nuevo. Por costumbre había puesto el noticiero y trataba de dividir mi atención entre los sucesos y las imágenes que frente a mis ojos desfilaban en la asoleada mañana que daba lugar poco a poco al mediodía. Pero el noticiero perdía la batalla, y cansado, me estaba preparando para apagarlo cuando con gran espectacularidad, el locutor anunció un traslado de los micrófonos a Alajuela donde la policía estaba trabada en combate con agitadores comunistas.

Nada de especial tenía, salvo que era el 11 de abril, fecha del héroe nacional, y no era usual un disturbio en Alajuela donde desfilaban en honor del soldado Juan delegaciones de todos los colegios del país.

Pero de pronto oí un nombre demasiado familiar: Daniel López. Daniel López: mi hijo. Y sin poder contener la sacudida violenta de sentimientos encontrados, apliqué los frenos debajo del semáforo que estaba en verde.

Insultos de la ciudad llenaron el auto mientras con dificultad lograba variar el rumbo para enfilarme hacia el hospital de Alajuela, donde según el periodista estaba internado Daniel. Mi hijo, herido… mi hijo, ¿comunista?

Mi desesperación, mi buen nombre y un poco de dinero hicieron el milagro, y minutos después estaba frente a la cama del muchacho. Su imagen fue otro golpe al esternón: tendido sobre las sábanas blancas, su rostro rojizo y morado, “Papá -pronunciaba con dificultad- te juro que no hicimos nada”. Y en su rostro deforme, hinchado, se adivinaba la tensión que en vano trataba de domeñar.

– Papá… nada hicimos fuera de la ley…

– El Ministro de Seguridad declaró a la prensa que la manifestación fue organizada por los comunistas…

– Papá… yo ni siquiera iba a ir: tenía un seminario que el Rector canceló a última hora, y comoya estaba en la Universidad fui con todos. Pero le garantizo que lo organizamos nosotros: la Asociación de Estudiantes de Alajuela y la Federación de Estudiantes de la Universidad. Fue un acto estudiantil oficial: nada tuvo que ver con tendencias políticas.

– Pero… ¿por qué un 11 de abril?

Se quedó pensativo, como si la respuesta que iba a darme tuviera toda la importancia del mundo, y quisiera ser preciso, inequívoco.

– La fecha patria ha perdido su sentido -dijo- lo celebran con marchas de la Marina de los Estados Unidos, y Juan dio la vida en la lucha contra William Walker, filibustero, que fue miembro de la Marina de los Estados Unidos, y cuyos restos yacen en un cementerio de honor.

De nuevo guardó silencio y yo veía en él el mismo idealismo, la misma veracidad, la misma espontaneidad que había henchido pechos como los de él, y había lanzado a toda una juventud hacia los cerros.

– Lo que le digo es verdad, papá: no habíamos dado ni cinco pasos cuando un señor de civil que luego supimos que era el Comandante…

– ¡El Comandante!

– … sin advertencia, sin diálogo, sin que hubiésemos desacatado orden alguna le dio la orden a la Guardia Civil y nos cercaron y empezaron a darnos garrote.  Nosotros corríamos y los cobardes nos daban por la espalda. Yo iba con el negro Tony y alguien gritó agarren a ese negro hijueputa y nos detuvieron civiles: al Vice-Presidente de la Federación, al Secretario General, a Tony, y a otros. Nos detuvieron civiles y de camino me robaron el reloj que me diste.

– ¡Civiles!

– Pregúntele al Padre: al padre lo golpearon hasta dejarlo inconsciente en el suelo sólo por preguntar qué pasaba…

– Pero… ¡civiles!

– Civiles armados que nos echaron al suelo boca abajo y nos pusieron un pie en la nuca… Así fue, papá, te lo juro.

Me puse en pie. La situación era grave y había que conversar con el Ministro. Habíamos luchado por un país libre de Tavíos, y yo no estaba dispuesto a que, a la vuelta de los años fuésemos a caer en lo mismo que, con tanta energía habíamos condenado, combatido y erradicado, hasta crear un orden nuevo por el cual muchos había, de paso, dado sus vidas.

– Papá…  -me llamó Daniel y sus palabras me hicieron mucho daño- ¿Eso es comunismo? Quiero decir, eso de ir con pancartas contra Vesco, la corrupción, el alto costo de la vida, en defensa de la Isla del Caño, denunciando las violaciones de los derechos humanos en Nicaragua… eso… papá… ¿es comunismo?

Nada le dije. Salí del hospital con el corazón hecho un puño, y la mente aturdida en una profunda indignación.

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Capítulo primero de “Final de Calle”, de Quince Duncan

Para Las Bibliotecas a Facebook, un texto aleatorio de nuestras bibliotecas, para compartir.

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El cliente pierde y la casa está contenta


Una tarde de estas, mi conexión a Internet simplemente dejó de funcionar. Trabajo desde mi casa por lo que Internet es indispensable. Llamé inmediatamente a RACSA, y tardaron un par de días para informarme que aunque todo estaba en orden con ellos, la suspensión se debía a una cuenta pendiente con Cablevisión de Costa Rica. Y aquí comenzó a formarse la gota que derramó el vaso.

Llegué a las oficinas de Cablevisión dispuesto a pagar el mes atrasado, pero el cajero me dijo tenía una deuda de ocho meses pendiente, ya que yo no había estado pagando Internet desde Noviembre 2011. Imposible, pago mis servicios por Internet, y si pago en sus oficinas pago el monto exacto que me indican sus empleados. Es imposible que el sistema web del banco, o el cajero me den un recibo por un monto incompleto. El cajero se mostró sorprendido y me mostró su monitor donde efectivamente mi cuenta aparecía pendiente desde el año pasado, repitiendo que para poder utilizar el servicio yo debía cancelar el monto de esos ocho meses atrasados.

Después de discutir un rato, confesó que el sistema de facturación de Cablevisión sufrió un problema, por lo que desde Noviembre de 2011 habían estado facturando únicamente el servicio de televisión y no el de Internet.

– ¿Me está diciendo que esta empresa me suspendió el servicio por un error de ustedes en la facturación?

Silencio, cara embutida en el monitor.

– ¿Me está diciendo además, que esta empresa no me va a ofrecer el servicio hasta que yo cancele un total de ocho meses por un error que ustedes cometieron?

Soltó una risilla nerviosa y dijo bajito “Diay sí, básicamente.”

En ese momento me enojé, había pasado los últimos días en Internet cafés para poder trabajar, y había pasado los últimos minutos tratando de explicarle a este señor que yo no podía deber ocho meses y ahora resultaba que él lo sabía, Cablevisión sabía que yo no era el responsable de esas malas facturaciones, y sin embargo, la empresa al darse cuenta de su error, decidió cortar el servicio a sus abonados, y amenazarnos exigiendo el pago inmediato para poder reconectarnos. Exigí ver a su superior.

Mientras esperaba, pude escuchar al siguiente cliente con la misma situación, esta vez era una viejita mayor. El cajero revisó de nuevo  los registros en su monitor, y de nuevo, se mostró sorprendido, pero esta vez habló más firme “Usted no ha estado pagando por Internet. Tiene que pagarnos ocho meses de pendientes”. Cuando yo iba entrando a la oficina de la supervisora, escuché a la viejita decir que no andaba tanta plata, pero que volvería más tarde.

La supervisora de Cablevisión nos atendió con esa amabilidad prefabricada que deja entrever la completa indiferencia ante la situación del cliente. De nuevo explicamos que realizamos los pagos mes a mes y que si había habido un error en las facturas, no era nuestra responsabilidad. De nuevo recibíamos una cara de sorpresa y hasta incredulidad, pero esta vez no tuvimos que dar muchas vueltas, la supervisora aceptó rápidamente que esto les había pasado con muchos clientes, pero que debía aclarar que “la empresa definitivamente cobrará este dinero.” Me enojé de nuevo, y le dije que no estábamos ahí para pedir nada gratis, pero que es simplemente injusto y hasta poco ético tratar así a los clientes por un error que la empresa había cometido.

Al salir de la oficina, nos encontramos con otro cliente furioso con el mismo problema. De nuevo la reacción de sorpresa de la empresa, como si no supieran nada. Los mandó al carajo, y les dijo que no quería más sus servicios, que estaba ahí para romper el contrato.  ¡Y le dijeron que no! Que para romper su contrato, el cliente debía llevar el cable modem a las oficinas. El cliente salió de ahí con poca pinta de querer regresar.  Yo por mi parte me sentía satisfecho, había levantado la voz, habíamos negociado y me aseguraron que en un par de horas reanudarían mi servicio.

Veiniticuatro horas después seguía desconectado y comencé a llamar por teléfono. Las operadoras de Cablevisión me informaron que nada de lo que había pasado el día anterior estaba registrado y que programarían mi caso para 48 horas después. Sobra decir que para este punto, mi diplomacia se había ido a pique, así que sin más, me les cagué a todos. Y volví a llamar 4 horas después, y al día siguiente. Para colmo cada vez que llamaba tenía que repetir el caso desde el principio y escuchar la falsa reacción de sorpresa. Hasta que la última vez encolericé, les dije que no iba a seguir repitiendo, que todos saben exactamente lo que pasó con la facturación y amenacé con demandarlos. Un par de horas después de la amenaza a gritos, por fin pude comenzar a escribir esta nota.

Este servicio al cliente deja mucho que desear y mucho que pensar.

La televisión es una mierda, en casa usamos el servicio de cable únicamente para Internet, ni siquiera tenemos televisor. Esta última experiencia en una cadena de desventuras con Cablevisión han terminado de convencerme: No estoy haciendo nada con esta empresa de mierda, me paso al ICE.

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