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apuntes para no olvidar en ké estaba perdiendo el tiempo

Za’asil y Gonzalo Guerrero


Gonzalo Guerrero fue un español que llegó con los conquistadores al Nuevo Mundo. Pero su historia dio un giro extraordinario cuando su embarcación naufragó en tierras mayas.

El Tatich (Jefe supremo) de Oxtankáh, “Nachan Can”, tenía una hija llamada Za’asil que significa flor, que era la Princesita Maya, desde pequeña fue muy inquieta y traviesa por lo que con frecuencia se iba de pinta con su amiguito Chichán Balam que significa “Pequeño Tigre”, por lo audaz que era.

El Tatich había domesticado algunos animales salvajes de la región como venados, jabalís, faisanes, pavos de monte y chachalacas con los que jugaba Za’asil y les daba de comer, por tal razón no les tenía miedo y pensaba que todos los animales de la selva eran iguales. Así que sin temor recorría las veredas que la conducían a la playa, porque le gustaba contemplar el mar y bañarse en ella.

El padre temeroso, no la perdía de vista porque sabía que en esas tierras existían los Balams (Tigres o Jaguares) que atacaban al hombre. La Princesita Maya le decía a su padre que no tenía miedo porque ella vivía entre los animales y se hacía acompañar por Chichán Balam que era muy valiente.

Muy temprano desde la playa le gustaba presenciar la salida del sol, el Astro Rey que ilumina con sus rayos a muy temprana hora esa parte de la Península y ver a los pescadores partir en sus cayucos mar adentro, durante la aurora. Estos mayas vivían de la pesca y la caza.

Los pescadores anunciaban su arribo haciendo sonar las caracolas, las cuales emitían un sonido muy especial característico e inconfundible, por lo que la gente los identificaba y acudían a la playa a comprar su producto. La Princesita disfrutaba de ese espectáculo y convivía con su gente, por eso era muy apreciada y gozaba de la simpatía de todos.

El tiempo pasó, ella y Chichán Balam se hicieron jóvenes, los padres empezaron a sentir celos y valorar el peligro de la edad por lo que comenzaron a recomendarle que fuese más discreta y que tuviese más cuidado con los juegos entre ella y Chichan Balam. Ella les dijo que no tuvieran cuidado porque al ser grande se casaría con él.

Cierto día, el padre que era el jefe supremo de la ciudad, le dijo a Za’asil; los Dioses predijeron que te casarás con un príncipe blanco que llegará por el mar.

Esto impactó mucho a la princesita, quien ya era una bella mujer, su afición por el mar aumentó, pasándose días enteros contemplando el horizonte sobre el mar. En noches de luna llena escuchaba el canto de las sirenas que venían de la Isla de Tamalcab, eran los manatíes que en esas noches se volvían muy juguetones y emitían sonidos especiales que semejaban cantos. Su fantasía la hacía transportarse más allá y ella aseguraba que era el mensaje de su Príncipe Blanco, que ya se aproximaba, quedando extasiada al escucharlos.

La obsesión de ella por el príncipe cada día era mayor y la Princesita con frecuencia interrogaba al Tatich sobre su llegada; el papá le pedía paciencia, asegurándole que cada día que pasara se aproximaba más el día esperado.

Después de una fuerte tempestad, el Tatich le dijo a la Princesita, esta puede ser la señal de los Dioses que se enfurecieron porque su hijo partió de su casa.

En efecto después de varios días de la tempestad en que naufragaron los ocupantes de una embarcación española, la Princesita descubrió en el horizonte del Mar Caribe, que una pequeña embarcación se acercaba al garete lentamente a la playa y aparentemente no había ocupantes, por lo que de inmediato le avisó a su padre.

El Tatich se hizo acompañar de sus súbditos en varios cayucos, conducidos a remos, hasta interceptar la embarcación desconocida, en efecto no se veía ningún navegante porque todos venían tendidos en el interior de la embarcación. Con toda la precaución necesaria, la rodearon y después de cerciorarse que no venían armados y que no pusieron resistencia, los abordaron.

De todos ellos solo dos estaban vivos, los demás habían muerto de hambre, de sed y por el calor sofocante del sol. Entonces el Tatich dijo: el rubio, de ojos claros y barba es el Príncipe Blanco que predijeron los Dioses y el otro es su esclavo.

En una ceremonia muy elegante se casaron Za’asil y el español Gonzalo Guerrero, procreando así a los primeros mestizos de la República Mexicana, acto trascendental en nuestra historia, fueron muy felices, hasta que en la guerra sucumbió el Príncipe Rubio defendiendo a los mayas contra los invasores españoles que llevaban su sangre pero él se consideraba Maya, ya que vestía como ellos y había adoptado sus costumbres y el amor por su tierra.

Ese Príncipe rubio nos legó toda una generación que tiempo después dio vida al Territorio Federal de Quintana Roo, y esa fue la cuna del mestizaje en la República Mexicana.

Extracto de “La Princesita Maya” del Dr. Ángel Alpuche Peraza

Aún hoy en día, en el himno de Quintana Roo, se escuchan los versos:

«Esta tierra que mira al oriente
cuna fue del primer mestizaje
que nació del amor sin ultraje
de Gonzalo Guerrero y Za’asil.»

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